viernes, enero 01, 2010

Cuando la escopeta se hizo pato.

Un buen coñac es oportuno para la ocasión, el vodka me trae malos recuerdos. Una sonrisa amarga sale de la torcida y envejecida boca de Alfred Schoneberg.

Es como hacer y no hacer nada, pensar y hacer, quizás no lo piensas en el momento, solo sigues ordenes. Es aquella hambre de querer más y más siempre, el repudio a esa raza de animales es inmenso y se cultivo muy bien, pues rindió grandes frutos.

Somos humanos ¿no? y es nuestra naturaleza.

Una mujer se para y escupe sobre el cristal que los separa.

Cuando quería podrían ser unas buenas perras y cuando no, sólo eran poco menos que basura y se les ponía a trabajar hasta que ya no pudiesen más y murieran poco a poco, cayendo como una pieza de domino, en cadena y lentamente.

No fuimos tan malos…. era un bien común. Una lucha y guerra de intereses, por su puesto que cada uno con os suyos y salían a flote más. codicia. ¿Quién culpa al hombre de ser avaricioso?

Schoneberg se acomoda en su asiento, inhala el aire de la habitación y bebe un sorbo más de su coñac, mientras toma un cigarrillo.

- Vamos Alfred, ya hace mucho de eso, no puedes seguir sintiendo lo mismo -

- Fui militar señor Scott. General en primera orden y encargado del resguardo y protección de Aushwitz. Viví y vivo sin contemplaciones, no hay sentimientos señor, debería entenderme si hubiese estado en mi posición. Sólo hay ordenes. – La mirada de Alfred sigue siendo fría y sin temores, quizá no sabe lo que le espera.

Las lagrimas y el sufrimiento de un amargo recuerdo es lo que se puede escuchar y sentir al otro lado de ese cristal. La rabia y la impotencia, el tiempo sana las heridas, pero la cicatriz sigue presente.

- Era necesario Scott… forma parte de la evolución, de la vida misma. Aunque puede que queden marcas… – mirando a la nada y con una mente inmersa de recuerdos, esta sentado. No hay sentimiento, sólo eso que pasa por la mente, recuerdos.

- ¿Marcas dices infeliz? me violaste cuanto pudiste, me sometieron a miles de análisis, destrozando mis órganos, destruyeron mi vida, mi pueblo y esto… – Dunia se levanto la manga de su sweater y dejo entrever un número: 10.308 que seguía presente y quizá con el mismo ardor con el que fue puesto. Pero el odio ya no era hacía ella, sino al contrario, de ella para aquel ex militar al que veía desde un simple cristal. Tan frágil, como fuerte. – Estas son las marcas  que ha dejado tu guerra necesaria. Son las marcas físicas, por que las internas son más difíciles de mostrar. Son difíciles de explicar y no hay palabras para describirlas… pero si las hubiesen, serían dolor, odio, angustia, miedo, sufrimiento… – los sollozos de Dunia dieron pie a que más se unieran a su declamación y compartir con ella el dolor y a pena. Como si hubiese sido ayer…

Por dentro las bocinas se encendieron y Schoneberg sólo se limito a alzar la cara para percibir mejor el sonido de aquella voz neutra, similar a su alemán y con un acento tan fuerte como el ruso, dejando entrever en algunos momentos el cálido sonido francés.

- Parece que no me has olvidado Dunia… ¿Cuantas fueron las veces que estuviste en mi oficina? ¿Cuánto ha pasado desde eso? No te pediré perdón y ni siquiera una disculpa. Lo hecho, hecho está y no puedo hacer nada para remediarlo. Sabes lo que pienso y aunque tuviese la oportunidad de volver a repetir la experiencia, lo volvería a hacer las veces que fuese necesario. – Su mirada de volvió de inmediato al cistal, que era empañado al otro lado por Dunia, que atónita miraba al hombre del cristal, sin saber que sentimiento profanar en aquel instante. Eran tantos, que podría ser una combinación peligrosa sentir todo eso al mismo tiempo.

- ¿Qué se siente ser ahora el pato y no la escopeta Alfred? – pregunto amargamente Dunia.

- Dímelo tu Dunia ¿Qué se siente haber estado en Aushwitz? – jajajajajajajaja  Quizá aquí se siente menos frío y por cierto… como verás el trato no es el mismo. Comida caliente, coñac – Alfred alzó su copa y la dirgio hacía el cristal – bebida y cigarrillos a mi disposición. ¿Notas la diferencia entre las personas y los animales? Ahora mismo pediré que te den un plato de puré de papa para que no se te olvide el sabor de la comida que degustabas en tu antiguo hogar: Aushwitz-

La rabia se incremento dentro se Dunia y con toda su fuerza golpeo el vidrio, haciéndolo vibrar y resonar por dentro de la cámara de gesell. - ¡Mal parido de mierda! seas desgraciado por todo lo que reste de vida.-

Scott estaba impresionado por lo que en esos instantes ocurría frente a sus ojos. No lograba entender, pero podía percibirlo. Jamás lo hubiese imaginado y mucho menos, querido.

- Señor Alfred Schoneberg. Esta usted aquí presente frente algunos de los afectados… -

-Y por su puesto, sobrevivientes. – Interrumpió Alfred mientras Scott hablaba, sin dejar de lado su ya típica sonrisa de amargura y odio.

- …Durante los sucesos ocurridos en la ahora denominada Segunda Guerra Mundial y en la cuál participo activamente en la matanza con premeditación, alevosía y ventaja de más de 500 niños, mujeres y niños, en complicidad de Klaur Gloper, Georg Rauch, Gerard Sommer, Ludwig Heinrich Sonntag, Alfred Concina, Horst Richter, Werner Bruss, y Heinrich Schendel y el cabo Ludwig Goering. Cada uno de ellos ocupando diferentes cargos en la milicia de la Gestapo durante un periodo activo de 16 años, desde su entrada al ejercito militar alemán, hasta la ya desaparecida Gestapo.

Por todo esto y las pruebas expuestas ante el ministerio de Italia que en este momento nos rige, se me concede el poder y la obligación de condenarle a la pena de muerte. Dicha ejecución se realizará el día de hoy a las 14:00 horas, hora local y será mediante la inyección letal. -

Una nueva interrupción de dio, pero esta vez no fue de Alfred, sino de aquella voz del otro lado del cristal. La voz de Dunia, quien no sabía que los micrófonos seguían abiertos. – Será como la cámara de gas Alfred, sólo que menos dolorosa. -

Y es así, como el tiempo hizo su trabajo y ejerció su justicia sobre la escopeta que paso a ser el pato acorralado y sin protección. Y el pato, paso a ser la mirilla de la escopeta. No era la bala, no era la pólvora, pero si tenía un objetivo final.

Los nombres de los personajes aquí expuestos pertenecen a personas que vivieron de una u otra forma la Segunda Guerra Mundial y son presentados de una forma my distinta a la que vivieron sus vidas en la vida real.

Toda esta historia sólo representa un escrito de reflexión y en lo personal no lo encuentro nada fuera de la realidad, aunque la vida de Dunia fue peor y las atrozidades de los nazis, mucho, mucho peor.

Dunia Zlata Wassestrom nació en Rusia una fría noche del día 18 de enero, a los 7 años se fue a vivir a Francia con sus padres y creció ahí hasta que en 1942 fue deportada con su marido Ariel al campo de concentración de Aushwitz. Su condición poliglota (Hablando ruso, ucraniano, alemán y francés) le ayudo a sobrevivir y trabajar como secretaria de los nazis en la Politishe Abteilung. Escapo en la marcha de la muerte y fue liberada el 18 de enero de 1945 por el ejercito rojo. Tiempo después regreso a Francia y se caso con Severin Wassestrom y se volvió a México.

Su declaración en contra de sus antiguos jefes de Aushwitz en el juicio de Frankfurt 1964, fue pieza clave y tan impresionante que sirvió para realizar una obra teatral bajo el título “La Indagación” de Peter Weiss, al poco tiempo se hizo también la puesta “Nunca Jamás” de Martín Rivas, en la que se relata el libro homónimo, escrito por la misma Dunia y en el cual nos cuenta su vida y amarga experiencia vivida en Aushwitz, antes, durante y después de todo.

Dunia muere en 1991 en la Ciudad de México y a lo largo de su vida fue condecorada por varias naciones y reconocida por su cruda realidad.

vida         Dunia y Sev

                            Dunia en Aushwitz                                Dunia con Severin

Alfred Schoneberg fue condenado a cadena perpetua en el año 2005 por el ministerio militar de La Spezia en Italia a sus 84 años de edad, junto con Klaur Gloper, Georg Rauch, Gerard Sommer, Ludwig Heinrich Sonntag, Alfred Concina, Horst Richter, Werner Bruss, y Heinrich Schendel y el cabo Ludwig Goering. Todos estos individuos fueron acusados por que el 12 de agosto de 1944, la división 60 de las Waffen-SS, junto a un grupo de "camisas negras" italianos, asesinó en la localidad toscana de Sant'Anna di Stazzema a 560 personas, la mayoría mujeres, ancianos y niños. Después amontonaron los cadáveres junto a la iglesia del pueblo y los quemaron. Todo ocurrió días después de la liberación por fuerzas británicas de la cercana Florencia.

Fuentes: Blog sobre Dunia, Diario 20 Minutos de España.

0 Comentarios :

Publicar un comentario

No siempre podremos estar de acuerdo en todo lo que decimos, pero no lo sabremos hasta que lo expreses. ¡Comenta!